RH CREA

Más allá
del espejismo

Amor, verdad y libertad
en tiempos de apariencia

Rocío Hänseler

Extracto · cinco páginas

«… del amor que consiste en que dos soledades se protejan, se limiten y se saluden.»

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, 14 de mayo de 1904

rhcrea.com

Nota sobre esta edición

Este libro no quiere leerse de un tirón. Sus textos son breves y densos, y cada uno se sostiene por sí solo. Tómate tu tiempo. Lee despacio. Detente donde una frase te toque y deja el libro a un lado cuando un pensamiento aún quiera resonar.

No tienes que empezar por el principio. Abre una página que te atraiga y deja que el texto obre en ti. Algunos capítulos hablan del amor; otros, de la verdad, la libertad, los límites, las sombras o del sereno regreso a ti mismo. Lo que ahora necesitas suele encontrarte solo.

Este libro no quiere demostrarte nada ni convencerte de nada. No proclama ninguna doctrina. Te invita a salir por un momento del ruido, a ese lugar interior donde el estruendo pierde su poder y la verdad ya no necesita espectáculo.

Si una sola frase te ayuda a ver con más claridad, a respirar con más libertad o a tratarte con más amor, este libro habrá cumplido su sentido.

Extracto · 2

Más allá del espejismo

El espacio donde caen los espejos

Hay un momento en la vida en que todo aquello que parecía sostenernos hasta ahora muestra su fragilidad. Aquello que tomábamos por identidad se resquebraja. Aquello que llamábamos seguridad se vuelve una habitación vacía. Aquello que llamábamos amor resulta, a veces, dependencia, miedo, necesidad de validación o simple costumbre. Ese instante suele vivirse como una crisis; en verdad, es un umbral. No señala el final del camino, sino el primer movimiento serio en dirección a la verdad.

El espejismo no es solo una mentira exterior que alguien nos impone. También es la manera en que nos contamos quiénes creemos ser, qué merecemos, qué necesitamos y qué supuestamente jamás deberíamos perder. Mientras seguimos dentro de él, confundimos reflejo con sustancia. Miramos a la otra persona para que nos diga quiénes somos. Miramos nuestras heridas y creemos que ya agotan nuestra identidad.

Adentrarse más allá del espejismo no significa despreciar el mundo, negar los vínculos ni retirarse de la vida concreta. Significa dejar de pedir a las formas aquello que solo la verdad interior puede ofrecer. Cuando los espejos falsos desaparecen, el mundo no desaparece; solo desaparece la necesidad de vivir bajo su hipnosis.

La verdad rara vez llega con gran estruendo. A menudo aparece como una nueva sobriedad. De pronto ya no hace falta adornar, justificar, exagerar ni prometer. Queda una tarea mucho más radical y a la vez mucho más sencilla: habitar la realidad tal como es, sin la embriaguez de las interpretaciones.

Extracto · 3

La verdad no se puede explicar;
debe experimentarse

Una de las grandes confusiones de nuestro tiempo consiste en querer comprender con palabras aquello que solo puede conocerse a través de la experiencia. Se habla de amor, paz, libertad, plenitud y conciencia como si bastara con nombrarlos para habitar esas realidades. Pero hay palabras que se vacían cuando se repiten sin descanso sin haber sido encarnadas. Entonces el lenguaje deja de ser puente y se vuelve escenografía.

La verdad no se transmite como un concepto cerrado. No es una definición brillante ni una colección de ideas elevadas. Es una experiencia que reordena la mirada. Cuando alguien ha vivido verdaderamente una verdad humana, como el amor, la libertad, la dignidad o la paz, su sola presencia empieza a transmitirla, incluso en el silencio. No necesita convencer. Basta con vivirla.

Por eso la sobreabundancia de discurso suele ser signo de carencia. Cuanto más se describe una experiencia que no se vive, mayor es el estruendo. Y cuanto mayor es el estruendo, más nos alejamos del centro. No estamos aquí para explicarle al mundo qué es la vida sin habernos sumergido en ella; estamos aquí para vivirla con suficiente valor para que pueda transformarnos.

Extracto · 4

Aceptar no es resignarse

La aceptación se confunde a menudo con pasividad, derrota o sometimiento. Pero aceptar no significa ni que todo dé igual ni que todo sea bueno para nosotros. Aceptar significa ver con claridad lo que hay. Y solo quien ve con claridad puede decidir con libertad.

Aceptar que cada persona es como es significa reconocer su derecho existencial a serlo. No significa aprobarlo todo y mucho menos soportarlo todo. De esa aceptación nace el discernimiento: aquí sí, aquí no; esto nutre, esto agota. La aceptación, por tanto, no anula el límite. Lo vuelve más preciso.

La verdad detrás de cada apariencia no necesita espectáculo. No somos los reflejos que perseguimos, sino la esencia capaz de verlos caer.

Aquí termina el extracto

El libro completo en e-book: pocketbook.de

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